Los cambios económicos, tecnológicos, sociales y de otra índole que propician el fenómeno de la globalización están creando nuevos espacios, nuevas formas de conflicto que se suman a los ya existentes, y en consecuencia abren nuevas vías de resolución de los mismos. Ello ha modificado el concepto y sentimiento de seguridad y, por ende, las condiciones y el entorno en que se pueden desarrollar las políticas de seguridad.
Los fenómenos de globalización abren una nueva perspectiva sobre los espacios de la seguridad pero, por otro lado y como la otra cara de la misma moneda, la toma de consciencia cada vez mayor de los ciudadanos respecto de sus derechos y el incremento de la conflictividad -especialmente urbana- ha generado una demanda creciente de seguridad en los espacios más reducidos. Ante esta situación ya no son válidos los viejos esquemas políticos y organizativos centralizados. Se requiere mayor agilidad y celeridad de respuesta, más interacción entre los diversos actores. Estamos ante cambios en la estructura social y política que pasan por conceptos como comunidad y prevención, que generan nuevas formas de relación entre las esferas pública y privada y cuestionan el monopolio estatal de la violencia.
Tradicionalmente, el orden público, entendido como actividad meramente puntual y represiva de ciertas acciones, está comprendido por un conjunto de técnicas y procedimientos, generalmente de corte policial-re- presivo, con el fin de evitar que personas o grupos concretos provoquen alteraciones que impidan de manera forzada el libre ejercicio de los derechos y libertades de los demás ciudadanos. Se trata de un mantenimiento del orden que se diferencia de la actual tendencia a concebir el orden público en el marco constitucional, entendido como un conjunto de principios constitucionales que garantizan el ejercicio de derechos y libertades en el marco del Estado Social y Democrático de Derecho. No tiene nada que ver con la idea de una actividad, sino que se trata de principios informadores de un sistema político y sus garantías. Es, por tanto, radicalmente distinto del orden público tradicional.
La seguridad ciudadana, por otro lado, se refiere a una garantía (prevención, protección o en su caso reparación) de la integridad y el legítimo disfrute y posesión de sus bienes por parte de los ciudadanos, como realización efectiva del ejercicio de los derechos y libertades. Su desarrollo se logra a través de políticas aplicadas.
Transcurría la década de los años 20 y Caracas se desenvolvía pacíficamente. Sus habitantes se recogían a tempranas horas de la noche. Pero muchas veces la quietud de los días y las noches se interrumpía con el sonar de las campanas de las iglesias, avisando que un incendio se había producido en la vecindad y amenazaba con propagarse, muchas de las veces sin poder hacer nada al respecto por la falta de una acción organizada que arremetiera contra el fuego que consumía todo lo que consiguiera a su paso, arrojando fuertes perdidas. Cuando se originaba un incendio, cosa frecuente, el método usado era trasladar al sitio un viejo carro cisterna llamado La Benemérita, del cual bajaban un recipiente o tonel grande, con un pitón y una rustica goma adaptada y llenándolo pacientemente con baldes de agua, mientras dos personas subiendo y bajando un balancín lanzaban agua a baja presión. Las llamadas de emergencia se hacían directamente a la policía, donde se guardaban las cisternas y el ...
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