La ilustración fue un movimiento intelectual y reformista promovido por pensadores de los siglos XVII y XVIII que planteaban serias críticas al sistema instaurado en la modernidad, en el que un sistema estatal despótico crecía y se fortalecía cada vez más desvinculado del pueblo, y en el que la idea de seguridad giraba alrededor de intereses dominantes del poder político y económico y a espaldas de la población más vulnerable. En ese contexto, el filósofo inglés John Locke promueve el reconocimiento de los derechos naturales (para salvaguardar la vida, la libertad y las posesiones) como límite del accionar de los gobiernos, asegurando que el Estado sólo existe para asegurar esos derechos.
En este mismo sentido, el autor italiano Cesare Beccaria (1738-1794) promovió un concepto liberal de seguridad desde el cual se prevé un Estado limitado, un Estado de derecho cuyos límites surgen de la ley. Desde este sentido garantista, el Estado debía respetar los derechos de las personas, es decir, garantizar su seguridad, la seguridad de sus derechos. En cuanto al castigo, una forma de garantizar esos derechos era a través de leyes claras y escritas para reducir la arbitrariedad, con penas determinadas, modernas (lo cual implicaba suprimir el tormento y la tortura), castigando hechos concretos y no personalidades (formas de ser), entendiendo que el sujeto que infringía la ley era un ser racional, con capacidad de decidir.
Lamentablemente, durante los siglos XIX y XX esta idea de seguridad de todos frente al Estado y la garantía de la seguridad de los derechos en general había sido desplazada por la ideología de la defensa social, según la cual el individuo es un ser enfermo, que atenta contra la sociedad, sin que fueran consideradas las injusticias sociales producidas por la revolución industrial, que mostraba que a una mayor acumulación de riqueza seguía una gran acumulación de miserias. El sistema capitalista comienza a manifestar crisis, pero sin cuestionar el orden social ni económico como generador de desigualdades, se le asigna el atributo de “peligrosos” a los pobres (considerados biológica y antropológicamente predeterminados al delito), justificando actuaciones de corte autoritario por parte de los Estados que proponían, entre otras cosas, penas indeterminadas y pena de muerte contra los considerados incorregibles.
La aplicación de estas ideas securitarias se dio durante el nacionalsocialismo alemán, cuando se consideraba que la mejor solución para los asociales (quienes se apartaban de los valores y principios de la sociedad, tanto porque cometían delitos como porque llevaban una vida disoluta, de vagabundaje, mendicidad o refractaria al trabajo) era la aplicación de medidas esterilizadoras para evitar la procreación y reproducción de estas personas, a las que se internaba en casas de trabajo y campos de concentración para aprovechar su fuerza de trabajo y luego exterminarlas. También leyes autoritarias, que promueven la arbitrariedad policial y la “aplicación injusta de la justicia”, que criminalizan la vagancia y la pobreza, se produjeron en Europa y en América Latina, por considerarlas una amenaza para la seguridad (por ejemplo, las leyes de vagos y maleantes).
Transcurría la década de los años 20 y Caracas se desenvolvía pacíficamente. Sus habitantes se recogían a tempranas horas de la noche. Pero muchas veces la quietud de los días y las noches se interrumpía con el sonar de las campanas de las iglesias, avisando que un incendio se había producido en la vecindad y amenazaba con propagarse, muchas de las veces sin poder hacer nada al respecto por la falta de una acción organizada que arremetiera contra el fuego que consumía todo lo que consiguiera a su paso, arrojando fuertes perdidas. Cuando se originaba un incendio, cosa frecuente, el método usado era trasladar al sitio un viejo carro cisterna llamado La Benemérita, del cual bajaban un recipiente o tonel grande, con un pitón y una rustica goma adaptada y llenándolo pacientemente con baldes de agua, mientras dos personas subiendo y bajando un balancín lanzaban agua a baja presión. Las llamadas de emergencia se hacían directamente a la policía, donde se guardaban las cisternas y el ...
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